C R Ó N I C A S     C O N F U S A S

                         ( M i    l l e g a d a )

  • ¡ Y tú qué haces aquí !…

La frase ha sido pronunciada así, tal cual está escrita: entre signos de exclamación. Es decir: expresando sorpresa. Si la intención hubiera sido manifestar rechazo imprimiendo un velado tono de reproche, la frase habría sido pronunciada entre interrogaciones. Pero no. La entonación y la expresión corporal se correspondían con una reacción de sorpresa. Nadie podía imaginar que yo estuviera allí. Pero se alegraba de verme. Eso mismo era también lo que yo esperaba, para qué voy a mentir.

  • Aquí se canta, ¿no?
  • Claro, claro. Pasa, que enseguida te preparo partituras.

Mientras se desarrollaba este breve diálogo recibí dos entusiastas besos de acogida. Uno en cada mejilla, como corresponde.

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El aula V

Esta breve representación escénica refleja fielmente lo que fue mi introducción en la Coral Con Fusa (que entonces no se llamaba así). El escenario donde sucedió fueron las dependencias de la escuela de música, a la puerta del aula V, que es donde entonces ensayaba el coro. Los protagonistas éramos Marina y yo. Ella salía del aula, tras finalizar el ensayo con el coro infantil; y yo, tras haberme informado en la página del ayuntamiento de los horarios de la escuela, me encontraba esperando en la puerta del aula. Corría entonces el mes de enero de 2016, si la memoria no me falla y las cuentas no descuadran. Ya nos conocíamos ambos, de otros ámbitos del mundo coral. De manera que sin más preámbulos me introdujo en el aula, me presentó brevemente a mis nuevas compañeras y ahí se inició mi colaboración, que está durando hasta el momento presente. Y quiero recalcar que he dicho compañeras, porque allí la presencia masculina era poco menos que testimonial: el gran Oscar.

La cuerda de bajos

Cantaba él en la cuerda de bajos, como corresponde a su inequívoca tesitura de barítono. Allí se encontraba magníficamente respaldado por dos chicas cuya innata versatilidad, unida a su amplia tesitura musical, les permite cantar donde ellas quieran. Me refiero a Itziar y Merche. Ahora no están entre nosotros ni ellas ni Oscar… (Contento me tienen a mí. Si leen esto, que sepan que no les perdono. Eso no se hace. Tienen Vds. que volver inmediatamente).

Así es que en esa minúscula cuerda de bajos entré yo para intentar reforzarla. No me resultaron especialmente difíciles los comienzos en el coro, porque todo el mundo me lo puso muy fácil. Y yo creo que desde el primer momento la relación funcionó… Pero el dinamismo tan intenso de este coro pronto trajo novedades interesantes que impusieron cambios necesarios. Cuando yo no llevaba ni dos meses en este ambiente llegó un bajo nuevo que no era tan nuevo: Juanjo. Él había estado ya antes en el coro y se había ausentado por una breve temporada. Esta breve temporada coincidió con mi llegada. Su tesitura era la de bajo profundo, la voz más difícil de encontrar en el mundo coral. Así es que al coincidir tres bajos naturales en la cuerda, Itziar y Merche pasaron a reforzar a la familia de las contraltos por decisión técnica de nuestra coach.

Itziar y Merche
Bajos: Adolfo, Juanjo, Óscar, Rafa y Tere

 Y nos quedamos en el grupo de los bajos Oscar, Juanjo y yo mismo. Esta recomposición de las familias de voces en el coro provocó una anécdota espontánea muy divertida que puede que cuente en otro momento. El caso es que no mucho tiempo después regresó Rafa al coro, quien al igual que Juanjo también había estado antes. También pudimos contar, casi de inmediato, con una nueva incorporación: Teresa. Y entre los cinco compusimos un quinteto (qué otra cosa íbamos a componer) que funcionó muy bien mientras duró, que no fue mucho. Porque duró solamente hasta que el covid llegó a nuestras vidas. Desde entonces ya no hemos vuelto a reunirnos todos.

Caras conocidas

Pero estaba yo hablando de mi llegada al coro… así que sigo: A mi llegada me encontré allí con un grupo de coristas no demasiado nutrido, y sí demasiado descompensado en la relación hombres-mujeres. Dos características, de las que la primera ya ha sido superada y la segunda aún permanece. Aunque (digamos) ligeramente paliada con respecto a aquel momento. Pero sea como sea, allí aterricé. Me encontré con algunas caras conocidas, que para eso ya era yo entonces un veterano del mundo coral aficionado y para eso tiene que servir la experiencia: para ampliar mundos.

Elena Pera y Cristina Carvajal

Allí estaban Chelo García Roales, Cristina Carvajal, Elena Ibáñez y Elena Perea, con quienes había coincidido previamente en otro coro. Ninguna de las cuatro canta ya con nosotros. Las tres primeras tardaron muy poco tiempo en abandonarnos, porque sus respectivas vidas personales y profesionales las llevaron por otros caminos. Pero Elena Perea, en cambio, ha permanecido entre las fusas hasta muy recientemente. Salió del chat de notificaciones hace muy poco más de un año  (8-abril-2022).

Mis nuevas compañeras

Pero me encontré también con gente a la que no conocía de nada. No tardé mucho en familiarizarme con ellas. Allí estaban Mª Jesús, Mar y Nudosor (Nuria Domínguez Soria), quienes hace ya tiempo que emigraron hacia otras latitudes. Estaban también Inma, Pilar, Paz, Nines; Alicia y Ana Espliego; Salud y Rosa (alias Rosito). Todas estas últimas continúan aquí, como muy bien sabemos todos.

Reflexiones inevitables

No éramos demasiados, como se ve. Pero todos teníamos las cosas claras. Tan claras como las tenemos ahora. Compartíamos afición; sabíamos, como sabemos ahora, que había que poner un mínimo de dedicación; sabíamos, como sabemos ahora, que el estudio en casa facilita las cosas no solo a cada uno en particular sino a todo el coro en conjunto; sabíamos, como sabemos ahora, que es necesario escucharnos a nosotros mismos mientras cantamos. Etcétera… Es que lo sabíamos todo (igual que lo sabemos ahora). Por supuesto, también sabíamos que no debemos hablar entre nosotros cuando la jefa nos corta en el ensayo para corregirnos y darnos instrucciones… Si es que no nos faltaba nada. Todo eso optimizaba el funcionamiento del coro y, por ende, a disfrutar más de la música.

Y así, con un olor a familia bien avenida que sugería un ambiente acogedor, se inició mi historia con el coro. Una historia muy larga que me parece muy corta, y que aún continúa…

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