Xabana, aprendiendo a ser una perra guía

 

¡Feliz, feliz en tu día!

Esta mañana, después de despertarme con ese cacharro infernal que se llama despertador, mi amita me ha dado los buenos días con muchos mimos, como acostumbra, pero hoy además me han caído encima un chorreo de felicitaciones, besos y tirones de orejas. ¿Felicidades, a mí? ¿Por qué? Que yo sepa, no es mi cumpleaños y todavía no ha empezado el día para que me digan lo bien que lo hecho… A ver, querida, explícate. ¡AAACABÁRAMOS! Es que hoy es el Día Internacional del Perro Guía, que se celebra el último miércoles de abril. ¡Mira, que bien! Hasta nosotros tenemos un día… Lo que no se les ocurra a estos humanos… Todo esto me ha hecho recordar cómo llegué a esta casa y cómo empezó mi carrera como perro guía…

Xabana - Empezando la formación

Mi llegada al mundo

Yo nací en la escuela de la Fundación ONCE del Perro Guía (FOPG), en Boadilla del Monte, Madrid, hace algo más de cuatro años. Allí fue donde pasé los tres primeros meses de mi vida con mi mamá y el resto de mis hermanitos, todos bautizados con nombres que empiezan con la misma letra, la X de Xabana. Hasta que un día, que estaba yo tan ricamente dormitando al sol después de desayunar, vino a buscarme una familia de humanos, Javier y Cristina con sus tres cachorros, aunque ellos los llaman “niños”, y me anunciaron que iba a comenzar mi “periodo de educación”. Yo no entendía nada: pero si ya estoy en una escuela, ¿cómo me van a enseñar en una casa?

Mi querida familia educadora: fase de educación y socialización

Desde ese día y durante más o menos un año viví con ellos en su casa. Me querían un montón y me trataban muy bien. Fueron unos meses muy especiales e importantes en mi vida porque, aparte de compartirlo todo con ellos, me socializaron y me dieron la base del comportamiento que todo perro, ya vaya a ser guía o no, debe tener.

Cristina y Javier, su familia educadora
Javier y Cristina, su familia educadora

Me enseñaron órdenes como, “ven”, “quieta”, “sienta”, “deja” y “échate”, además de a no subirme ni en camas ni en sofás, no pedir nunca comida, a esperar mientras ellos comen y a que, cuando llega la hora de mi comida, hay que esperar sentada pacientemente hasta que me den la orden de “come” a toque de silbato. Según mi instructora de la FOPG, todas estas cosas resultan ser aprendizajes básicos e imprescindibles para poder construir sobre ellos y llegar a ser un día una buena perra guía. Sin su ayuda nunca lo habría conseguido.

Xabana y Ana disfrutan del teatro Buero Vallejo

Conociendo mundo

Además, lo más divertido fue que cada día me llevaban a conocer sitios nuevos. Para empezar, todos los días íbamos a la estación de tren y cogíamos el metro para ir al trabajo con Javier, y esto, desde el día siguiente a mi llegada a la casa, es decir, con sólo tres meses de edad. También íbamos a supermercados, centros comerciales y tiendas de todo tipo, cines, teatros, museos, exposiciones, conciertos… Cada día era como una aventura, y poco a poco aprendí cómo debía comportarme cuando estaba en cada uno de estos sitios. Por todo tenía curiosidad y todo me divertía, pero lo que más me gustaba era subirme a los trenes para ir al lugar donde trabaja Javier y oye, aún hoy es meterme debajo del asiento de un tren, metro, bus, coche, avión o barco- aunque este último no es mi preferido, la verdad- y quedarme sopa, eso sí, con una oreja siempre atenta para recibir las órdenes oportunas de mi amita.

De vuelta a la FOPG: fase de instrucción

Cuando pasó más o menos un año, tuve que despedirme de mi familia para volver a la escuela de la FOPG. Me dio mucha de pena, pero sabía que eso significaba que iba a empezar otra gran aventura: mi periodo de instrucción. Y ¿qué es eso? Pues eso fueron otros seis u ocho meses aprendiendo a ser específicamente lo que soy hoy en día, una perra guía. Ahora era una instructora la que me enseñaría un montón de palabras y órdenes rarísimas: “busca cruce”, “busca semáforo”, busca mecánicas”, “busca ascensor, busca escalera”, “avanza”, “derecha”, “izquierda”, “atrás”, “marca”…, eso sí, con una paciencia infinita y siempre con refuerzos positivos, mil mimos y un montón de premios. Entendí que, cuando me ponen el arnés, ya no puedo distraerme ni hacer nada que no sea estar concentrada en mi tarea de guiar de forma segura a la persona que está al otro lado del arnés porque, en ese momento soy para ella, ni más ni menos que sus ojos, y debo obedecer todas sus órdenes y estar pendiente para evitarle los peligros de los que no puede darse cuenta por sí misma.

La música y yo

Como ya sabéis, me encanta la música. Unos estilos más que otros, la verdad, porque al reguetón no termino de encontrarle el punto… Seguramente tiene mucho que ver con esto que mi instructora invirtió mucho tiempo conmigo poniéndome música y enseñándome la “posición de coro”, que, como creo que ya os expliqué en otro post, consiste en estarme quietecita y tranquila mientras la música está sonando, porque me explicó que mi futura usuaria

Mi recibimiento en Coro Con Fusa

pertenecía a un coro musical y, no sólo tendría que acompañarla a los ensayos y los conciertos, sino que tenía que hacer que todos los miembros del coro se sintieran orgullosos de tenernos entre ellos, o, cuando menos, que no les importunara mucho mi presencia. Así que sí, como no podría ser de otra manera, me pirra la música.

Y el 2020 nos trajo la pandemia…

Continuará… Como se me ha hecho un poco largo y quedan cosas muy interesantes por contar, el resto lo subirá mi amita mañana o pasado.

Buenas tardes y que la música os acompañe en vuestros sueños.

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